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La identidad sexual

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 La identidad sexual

 

 

 

E

n el ser humano no hay instinto. Se habla de pulsión y deseo. El Deseo se define como búsqueda perpétua de satisfacción estructurada en el desarrollo de la pulsión sexual. Ese deseo habla de la identidad sexual en el sentido de la posición particular del sujeto respecto de la sexualidad y el otro. La erotización del cuerpo humano requiere de un largo proceso de estructuración. Es lo que vamos a estudiar.


 El cuerpo erògeno y la identidad sexual

  

   ¿Cómo se construye nuestra identidad sexualidad y lo que llamamos el cuerpo erógeno?. Tenemos que partir de lo que el  Psicoanálisis llama “Complejo de edipo”. En psicología, el mito de edipo adquiere un significado diferente  que el teatral y no se reduce al amor a la madre y odio al padre. Es un complejo estructurante de la  identidad. Sucede hacia los 4/5 años aproximadamente y es inconsciente. En su forma simple, el complejo de edipo es el amor del niño hacia la madre y el odio hacia el rival (padre, hermanos, tíos, etc. ). En su forma ampliada, el edipo abarca los respectivos complejos de edipos de los padres del niño, donde se relacionan las tres generaciones. De ésta manera, los ideales de vida, la salud mental, las alteraciones, etc.,  de los padres, son transmitidas a las nuevas generaciones, que a su vez, transmiten a sus hijos.

  ¿Cómo surge el complejo de edipo?. En el caso del niño, desde un comienzo,  fija su libido (deseo) a la madre. El niño se enamora de la madre. Su madre también lo desea, y se siente “mujer colmada”, completa. Por consecuencia, de lo que se trata, en el complejo de edipo, es que pueda “separarse” o diferenciarse de la madre para poder asumir su identidad masculina y asumirse como sujeto deseante. La intervención paterna o de quien cumpla ese rol, va a permitir al chico diferenciar su identidad, su cuerpo erógeno y su misión en la vida.

   A veces, quien debe cumplir la “función paterna” lo asume mal: si es autoritario es rechazado por la madre o si es “débil” no cuenta como autoridad ni para el niño  ni para la madre. Si no es deseado por la madre,  no puede aparecer como autoridad o representante de la ley para su hijo. No “entra” en la célula dual madre-hijo que queda en  un mundo cerrado e imaginario. No salva al niño de los excesos de ternura de la madre. En estos casos, el chico “es cosa de la madre”. El chico no puede poseer un cuerpo propio, sino que es “parte” de la madre, en un vínculo indiferenciado. Para el niño resulta angustiante y queda atrapado en el juego materno: será un solterón de por vida, o tendrá una pareja donde legisla la madre, con los conflictos típicos, o será impotente, al no poder asumir su virilidad. Hasta puede quedar como un homosexual u otras enfermedades mentales, según cada caso particular.

En los casos saludables, la intervención paterna como representante de la ley como prohibición del incesto, “separará” al hijo de la madre, si ella desea a su hombre. El niño podrá asumir su pene como propio, desde una identidad masculina  copiada del padre. La doble prohibición paterna, a la madre: “No reintegrarás tu producto”, y al hijo “No te acostarás con tu madre”, permiten el pasaje de la endogamia a la exogamia (es decir, la posibilidad de buscar y desear otra mujer diferente a la madre y las hermanas).

   Intentemos precisar cómo se da este proceso: la prohibición paterna lleva a la “amenaza de castración” o complejo de castración, donde el chico percibe que algo no anda bien, porque creía que todos tenían penes como él. En la etapa fálica hasta un tren  tenia pene. Ahora, al comprobar que la madre no lo tiene como la hermanita, vuelve a pensar todo y concluye que su miembro viril corre peligro. Si la hermanita no lo tiene es porque se lo cortaron y este fue el padre. Reniega de lo que ve pero  queda convencido respecto de la castración. Esto lo obliga a reprimir sus deseos incestuosos hacia la madre, por  temor  al padre lo que le permite identificarse al padre y asumirse como sujeto deseante,  que lo enmarcará en una búsqueda eterna del vínculo perdido con la madre,  en las sustitutas, en las ciencias, en la cultura, etc., cada vez que “algo” signifique  para él  “ese lugar sagrado” lleno de placer(la patria, una ideología, una teoría, un lugar, un bien, etc.) Todo esto es imaginario pero eficaz para fundar la identidad del niño. Incluso, determina el estilo o estructura de personalidad para toda la vida: histérico, fòbico, obsesivo, etc.  Además genera la cultura, el orden y las reglas sociales.

En suma, el complejo de edipo lleva a la “castración simbólica” que se visualiza también como la “separación” del deseo de la madre(ser eso que completa a la madre) gracias a la operación paterna como representante de la cultura, la ley y el orden social.

 

 Asunciòn de la identidad en las niñas

  

   ¿Cómo es la asunción de la femineidad y la sexualidad en la niña? .En la niña, su primer objeto de amor es  también la madre, de la cual se separa  mas tarde para unirse al padre, y del cual debe separarse para asumir su identidad femenina y encontrar otros sustitutos ajenos a la familia.  ¿Cómo se da éste proceso de doble separación en el complejo de edipo femenino?

   La identificación con la madre le posibilita a la niña asumirse de manera femenina ante el padre. Cuando descubre un cuerpo diferente al del varón, se encuentra privada de algo que consideraba universal en todos y  se torna reivindicativa reprochando   a la madre por esto. Ante éste descubrimiento, la niña adopta alguna de las siguientes orientaciones: a) Suspende todo interés sobre la vida sexual, b) Se obstina en afirmar su postura masculina(“complejo de masculinidad”), deseándo ser hombre toda su vida, c) Asume una actitud normal, se separa de la madre y se acerca preponderantemente al padre. Gracias a esto, la ley paterna, su palabra, entra a regular la identidad de la niña. Recordemos que el chico, al teminar el proceso, tiene una instancia psíquica que es el superyo, ley paterna internalizada, regulativa. En el caso de la niña no hay “amenaza de castración” y por eso, la separación del padre siempre es incompleta. Por esto, la mujer queda como sostén del deseo paterno y su carácter  queda teñida por el carácter paterno.  Queda adherida a la ley del hombre, como lo fuè con el deseo paterno. Esta ley paterna la acompañarà toda la vida, como la amenaza de castraciòn al niño, permitiendole a àmbos, desear al otro, la asunción de la identidad sexual y personal. No hay un superyo neto y diferenciado en el caso de la mujer. Es por eso que las mujeres se interesan poco por el mundo simbólico (política, cultura, lo social, etc.). Esto es variable de una mujer a otra.

   Luego, el edipo queda sepultado en el inconsciente, instalándose la Fase de latencia del desarrollo sexual (entre los 5 y 10 años). Lo que estructura el proceso edípico son las marcas fundamentales del deseo, la primera elección del objeto sexual, que luego-aposteriori- sé resignificará definitivamente en la adolescencia. Así, la identidad sexual humana se estructura en dos tiempos, la del  complejo de edipo y la de la “metamorfosis de la pubertad” en que se reestructura la subjetividad toda y se instala el tiempo de la elección del objeto de amor

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